Metrópolis (1927): la película que imaginó el futuro antes que todos
Hay películas antiguas que se sienten antiguas. Metrópolis no.
Estrenada en 1927 y dirigida por Fritz Lang, esta obra maestra del cine mudo sigue sorprendiendo porque muchas de sus imágenes parecen haber servido como plano de construcción para buena parte de la ciencia ficción que vino después.
Ciudades gigantescas, trabajadores atrapados bajo tierra, élites viviendo por encima de todos, máquinas que dominan la vida cotidiana y un robot con apariencia humana.
Todo eso estaba en Metrópolis hace casi cien años.
Una ciudad dividida en dos mundos
La historia transcurre en una enorme ciudad futurista donde la sociedad está completamente separada.
Arriba viven los ricos, los propietarios y quienes controlan la ciudad. Disfrutan de jardines, rascacielos y una vida privilegiada.
Debajo de ellos están los trabajadores.
Viven en una ciudad subterránea y pasan sus días operando enormes máquinas que mantienen funcionando el mundo de la superficie.
Freder, hijo de Joh Fredersen, el poderoso dirigente de Metrópolis, vive ajeno a esa realidad hasta que conoce a María, una joven que intenta convencer a los trabajadores de buscar una solución pacífica a su sufrimiento.
Freder termina bajando al mundo subterráneo.
Y lo que descubre cambia por completo la forma en que ve a su padre, la ciudad y el sistema que sostiene su vida.
Una historia de clases sociales disfrazada de ciencia ficción
Metrópolis es una película de ciencia ficción, pero en realidad habla muchísimo sobre desigualdad.
La ciudad funciona porque miles de personas trabajan hasta el agotamiento para mantener el estilo de vida de quienes viven arriba.
Lang convierte esa división social en arquitectura.
Los ricos están literalmente arriba.
Los trabajadores, abajo.
No hace falta explicar demasiado el mensaje.
Se ve.
Esa separación entre quienes controlan el sistema y quienes lo mantienen funcionando sigue siendo una de las razones por las que la película conserva tanta fuerza.
María y el robot más famoso del cine mudo
Uno de los elementos más icónicos de Metrópolis es el robot creado por el científico Rotwang.
Joh Fredersen teme que María provoque una rebelión entre los trabajadores, así que utiliza al científico para crear una copia artificial de ella.
El robot adopta la apariencia de María y empieza a manipular tanto a los trabajadores como a las élites de la ciudad.
Su diseño se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la historia de la ciencia ficción.
Es difícil mirar a personajes posteriores como C-3PO de Star Wars sin encontrar algo de aquella figura metálica de Metrópolis.
Pero lo interesante es que el robot no está allí solo para verse futurista.
Representa algo bastante moderno: tecnología utilizada por quienes tienen poder para manipular a la sociedad.
En 1927 ya estaban pensando en eso.
Visualmente sigue siendo impresionante
Aquí está una de las razones para verla todavía hoy.
Metrópolis fue una superproducción gigantesca para su época.
El rodaje duró más de 300 días y utilizó decenas de miles de extras. Su presupuesto superó los cinco millones de reichsmarks, una cifra extraordinaria para el cine alemán de los años veinte.
Pero lo realmente impresionante es cómo se ve.
Fritz Lang y su equipo utilizaron maquetas, enormes escenarios y técnicas fotográficas innovadoras para construir una ciudad que todavía hoy luce monumental.
Uno de los avances más famosos fue el proceso Schüfftan, una técnica basada en espejos y reflejos que permitía combinar actores reales con enormes maquetas arquitectónicas.
Sin CGI.
Sin pantallas verdes.
Sin computadores.
Y funciona.
El expresionismo alemán llevado al futuro
Metrópolis es también una de las películas fundamentales del expresionismo alemán.
Eso significa escenarios exagerados, sombras intensas, arquitectura imposible y actuaciones deliberadamente teatrales.
Para un espectador moderno puede sentirse extraño al principio.
Los actores gesticulan muchísimo.
Las emociones están exageradas.
Los movimientos parecen casi coreografiados.
Pero hay que recordar algo: estamos viendo cine mudo.
La expresión corporal tenía que reemplazar buena parte de lo que hoy resolveríamos con diálogos.
Cuando uno entra en ese lenguaje, la película empieza a funcionar de otra manera.
Una película mutilada durante décadas
La historia de Metrópolis fuera de la pantalla es casi tan interesante como la película.
La versión original estrenada en Alemania duraba alrededor de 153 minutos, pero poco después fue recortada para su distribución internacional.
En Estados Unidos se eliminaron numerosas escenas porque los distribuidores consideraban que era demasiado larga y confusa. También se hicieron cortes por motivos políticos y morales.
Durante décadas, buena parte de la película original se consideró perdida.
Hasta que ocurrió algo increíble.
En 2008 apareció en un museo de Buenos Aires una copia que contenía gran parte del metraje desaparecido.
Ese material fue restaurado e integrado nuevamente a la película, permitiendo reconstruir una versión de aproximadamente 148 minutos, muy cercana al montaje original de Fritz Lang.
Casi un siglo después, seguimos viendo una película que literalmente tuvo que ser reconstruida.
Una ciudad que inspiró medio Hollywood
La influencia de Metrópolis es enorme.
Su arquitectura, sus máquinas y su visión de una ciudad vertical pueden encontrarse en películas como Blade Runner, Star Wars, Brazil, Batman y muchas otras.
El concepto de una inteligencia artificial con apariencia humana también se volvió una pieza central de la ciencia ficción moderna.
Pero quizá lo más impresionante es que Metrópolis no intentaba predecir teléfonos inteligentes ni carros voladores.
Intentaba imaginar qué pasaría si la tecnología avanzaba más rápido que nuestra capacidad de construir una sociedad justa.
Y esa pregunta sigue bastante viva.
“El mediador entre el cerebro y las manos debe ser el corazón”
La película resume su mensaje en una frase:
“El mediador entre el cerebro y las manos debe ser el corazón”.
La idea es sencilla.
El cerebro representa a quienes dirigen.
Las manos representan a quienes trabajan.
El corazón debe unirlos.
Puede sonar ingenuo desde una mirada moderna, pero encaja con toda la película: una sociedad no puede funcionar indefinidamente si quienes toman las decisiones ignoran a quienes hacen posible su existencia.
Lo que puede resultar difícil para un espectador moderno
Hay que decirlo.
Metrópolis no es una película sencilla para todos.
Es muda.
Es larga.
Su ritmo es completamente distinto al del cine actual y algunas actuaciones pueden parecer exageradas.
Además, ciertas partes del mensaje político son bastante directas.
Pero verla con paciencia tiene recompensa.
Una vez uno se acostumbra al lenguaje de la época, empieza a notar algo fascinante: estamos viendo muchas ideas modernas antes de que fueran modernas.
¿Vale la pena verla en 2026?
Sí.
Pero no solo porque sea “un clásico que hay que ver”.
Vale la pena porque todavía tiene imágenes impresionantes, ideas provocadoras y una visión del futuro que influyó prácticamente en todo el cine de ciencia ficción posterior.
Además, verla hoy tiene algo especialmente curioso.
La película transcurre en el año 2026.
Sí, nuestro año.
No tenemos todavía ciudades exactamente como la de Fritz Lang ni trabajadores operando gigantescas máquinas subterráneas.
Pero seguimos discutiendo desigualdad, automatización, inteligencia artificial, poder corporativo y hasta robots con aspecto humano.
Así que quizá Metrópolis no acertó en los edificios.
Pero en algunas preguntas estuvo peligrosamente cerca.
Veredicto StrimTube
Metrópolis no es solamente una pieza de museo.
Es uno de los pilares sobre los que se construyó la ciencia ficción moderna.
Puede requerir un poco de paciencia para un espectador acostumbrado al ritmo actual, pero sus escenarios, efectos especiales y temas siguen siendo impresionantes casi cien años después.
Es una película sobre máquinas.
Sobre poder.
Sobre trabajadores.
Y, curiosamente, sobre nosotros.
Calificación StrimTube: 9/10
Un clásico enorme, visualmente adelantado a su tiempo y prácticamente obligatorio para entender de dónde salió buena parte de la ciencia ficción que vemos hoy.
